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Participación Ciudadana.

  • 4 abr 2016
  • 2 Min. de lectura


La ciudadanía no tiene confianza ni en sí misma. Considero que es por ello, su poca participación en temas cívicos, políticos, y en su nula organización. Es que los ciudadanos ya no creen en las instituciones del Estado, ya ni siquiera en La Marina o el Ejército, -mismas que según me platican las personas de mayor edad, eran punto y aparte, en cuanto a respeto y credibilidad, con respecto a otras agrupaciones de gobierno- imagino que desde que éstas dos salieron a las calles a fungir como policías, en la llamada guerra contra el narcotráfico, iniciada en el sexenio de Calderón, sin tener una capacitación cívica, y un entendimiento cercano con los ciudadanos, fue cuando a comenzó el declive de su “buena fama”. Ciudadanos aterrorizados por ver pasar por el asfalto convoyes de militares encapuchados, cargando en los hombros armas de alto calibre. Nos hicieron dudar hasta de nuestra sombra. Vendiéndonos cara la idea de que “el cambio está en uno mismo”, que si un montón de encapuchados, armados hasta los dientes, no podían contra los “malos”, mucho menos el pueblo lo podría lograr. Así entonces, mejor que el gobierno se encargue de las problemáticas de seguridad, y que los ciudadanos, aislados, temerosos y refugiados en sus casa y sus empleos, -los que tenían empleo- miraran cómo es que el país se venía abajo, convirtiéndolo en una gran fosa común. Y es que el cambio no está del todo en “uno mismo”, se necesita la participación de todos, conciencia cívica, crítica –no sólo crítica de sillón, o de redes sociales, [que también juega un papel importante]-, sino organización, y bien podemos comenzar con la organización local: con la vecinal, organizando talleres, para primero, saber quiénes son nuestros representantes, cuáles son sus funciones, y periódicamente pedirles avances de su gestión, asambleas en las cuales se discutan temas de interés para la colonia, y una vez organizado lo anterior, pensar en extender geográficamente el plan organizativo. Insisto, y quizá sea terco y redundante, pero el cambio no está del todo en uno mismo, es como creer que al ser asaltado detengamos al malhechor, diciéndole: “oiga amigo, no me asalte, yo ya cambié” y que entonces el malhechor dijese: “¡ay amigo!, dispense usted, pensé que era una de esas personas de las que no había cambiado, mire: aquí tiene sus pertenencias, que pase un bonita día, y pos’ de nuevo, discúlpeme”

Considero también pertinente, en los talleres locales que propongo, se traten temas relacionados a la tolerancia de la diversidad de género, sexual, religiosa, de etnias, y que en conjunto se trabajen cuestiones con el medio ambiente local, sustentabilidad, actividades físicas, de arte, en donde los primordial sea en un principio rescatar los espacios públicos, la convivencia, el tejido social y crear una armonía en las que todos nos sintamos incluidos. Así, organizado el tejido social será más fácil exigir, proponer e idealizar un mejor estilo de vida.


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