Magda
- 2 mar 2014
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Magda
-No mame compadre, usted nunca me deja abajo.
-Nunca lo hago compadre, pero ya anda muy pedo, ya deje de beber.
-¡Ah chingá, de cuándo acá tan mamón! Si usted es el que siempre se quería ir por putas, porque decía que ya la comadre no lo llenaba, no mame compadre; chúpele.
-Baje la voz compadre, le digo que ya se le pasaron las cucharadas.
-Uy, pinche compadre qué delicadito me salió, pero bien que uno sí le tiene que aguantar sus pedas, se acuerda la vez que le vomitó las chichis a la putita del Titanic, porque ya tenía tres días en la peda…
-Compadre, ¡por favor!
-Ja, ja, ja, pinche compadre ésa semana se metió hasta el dedo, se chingó lo de la tanda en tres días…
-Mejor ya lo voy a llevar a su casa, para que descanse un rato, compadre.
-No sé cómo le cupo tanta coca en esa nariz tan chata…
-Ya compadre, en serio.
-Y luego la comadre que le creía todo…
-A Magda no la meta, compadre.
-Aunque no crea que era tan ingenua, a mí siempre me preguntaba por usted, bien que se las olía, a veces hasta me llamaba a mi celular llorando, y pues yo qué le decía compadre…
-Ya compadre, no empiece a llorar, en serio le pido un taxi.
-Pobrecita de mi comadre, de cabrones usted se pasaba de lanza, compadre…
-No haga espectáculo compadre, todo mundo lo está viendo.
-Mire que ponerle sus chingadazos a mis ahijados de gratis, nomás porque andaba pedo, esas sí son mamadas compadre, yo nunca le dije nada porque somos compadres…
-Baje la voz compadre, no grite.
-Pinche compadre, es un hijo de la chingada, lo quiero un chingo, pero es un hijo de la chingada, y sólo por eso le voy a confesar algo…
-Siéntese compadre, ya bájele de huevos…
-Un día llegó la comadre a mi casa y me la clavé…
-Cállese, compadre, no sea pendejo. ¡Respete!
-Usted la tenía muy olvidada…
-¡Sálgase compadre, hijo de la chingada!
-Aunque me pegue compadre, ¡todo lo que le cuento es cierto!
-¡Cállese el hocico, cállese pinche compadre, ya anda bien pedo!
-Ando pedo pero no pendejo, yo amaba a la comadre…
-No diga chingaderas compadre, le voy a partir su madre, en serio.
-Pártame la madre, qué más me queda. Pero si me ha de poner una putiza, póngamela hasta que me mate, así como lo hizo con la comadre, pinche compadre. ¡Mándeme con ella!
-No diga pendejadas compadre, respete.
-No se haga pendejo compadre, si yo mismo vi como la aventó por las escaleras, ¡cuál pinche accidente, ni que la chingada!
-Vámonos afuera compadre, vámonos afuera…
-¡Ay pinche compadre si no lo quisiera tanto, si no lo quisiera tanto!
Los dos hombres se fundieron en un abrazo y salieron del velatorio donde yacía el cuerpo de Magda.




























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